
Es el primer sistema no ablativo construido sobre la base de una luz infraroja que combina láser y luz pulsada con onda programable. Es recomendable para cualquier zona epidérmica que sufra de fotoenvejecimiento: rostro, párpados, mejillas, cuello, abdomen, brazos y rodillas.
Funciona porque el calor llega directamente a la epidermis, para luego enfríarse simultáneamente, evitando así cualquier tipo de molestia. Esto, estimula la formación de colágeno, aumentando la firmeza y tersura, gerando tonicidad y tracción a nuestra piel.
El calor se deposita en la dermis, la capa profunda de la piel, provocando que esta se estire. Contrae el colágeno, tensionando la piel; para que después de unos días se produzca la neocolagénesis, la formación de nuevo colágeno. Generando una reestructuración dérmica.
Este tratamiento resulta muy efectivo para la flaccidez posparto, y zonas difíciles como el cuello. Es una técnica menos dolorosa que otras, y no requiere un período de recuperación. Se recomiendan de una a tres sesiones cada dos a cuatro meses.
El proceso de crecimiento del colágeno lleva de ocho a dieciseis semanas, por lo que sus efectos no son inmediatos. La técnica también aumenta la circulación sanguínea y produce un drenaje linfático, por lo que sirve para mejorar la celulitis, si se realiza en el cuerpo.
Vía: LaNacion
